" PRÓLOGO, PRESENTACIÓN Y CARTA A LAS SIETE IGLESIA".

























Prólogo, presentación y las cartas a las siete iglesias (Apocalipsis 1-3 )

El libro se presenta como la revelación de Jesucristo, con una secuencia de transmisión Dios-Jesucristo-ángel-Juan. El motivo es dar a conocer a los creyentes “las cosas que deben suceder pronto”. Esto le da urgencia al mensaje, la cual es luego subrayada por la bienaventuranza para el que lee y los que escuchan la profecía.

La obra tiene un triple carácter de revelación, profecía y carta. Es necesario subrayar que toda la obra está dirigida a “las siete iglesias que están en Asia”. El número tiene, como en otras partes, significado simbólico, pues se sabe que existían más iglesias en la región. Las siete son representativas locales de la iglesia universal.

El autor se nombra simplemente como Juan. La tradición lo identifica, ya desde el siglo II, con el Apóstol de ese nombre. Reclama para sí autoridad profética. Se halla en la isla rocosa de Patmos, probablemente exiliado. Juan se identifica con los destinatarios, al decirse su “hermano y compañero en la tribulación, en el reino y en la perseverancia de Jesucristo”.

Luego de un preámbulo con claras resonancias trinitarias (1:4-8) en el cual se destaca la obra de Cristo y Dios Padre mismo habla, Juan narra su visión de Jesucristo. Estando “en el Espíritu”, oye la voz del Señor que le ordena escribir. Lo que Juan presencia es una majestuosa visión de Cristo con un atuendo propio de un sacerdote y un rey. Misteriosos atributos destacan su poder, autoridad y ministerio: cabellos blancos, ojos resplandecientes, rostro brillante, pies como bronce refulgente, y con una espada de dos filos saliendo de su boca. El Señor tiene en sus manos a los ángeles representativos de las siete iglesias, y se pasea entre ellas, simbolizadas por candelabros (Cf. Mateo 28:16-20).

Cuando Cristo habla, se expresa como Dios Padre: Es el Alfa y la Omega, el primero y el último. En virtud de su muerte y resurrección ha recibido suprema autoridad, al punto de tener dominio hasta sobre la muerte. Su mandato es que Juan escriba a las iglesias, con un mensaje específico para cada una y otro (los capítulos 4-22) común para todas.

Los mensajes específicos para cada Iglesia tienen un formato estructurado, como sigue: 1) Presentación, con uno o más atributos de Cristo; 2) alabanza de lo bueno que tiene la iglesia; 3) enunciación de los defectos de la iglesia; 4) exhortación al arrepentimiento del pecado específico de cada iglesia; 5) amenaza de visitación en el caso de no haber arrepentimiento; 6) promesa para el vencedor (esto es, el creyente fiel) ; 7) llamado a oír lo que el Espíritu dice a las iglesias.

La primera iglesia es Éfeso. Se trata de una iglesia muy esforzada y con gran celo doctrinal, pero que, tal vez por eso mismo, ha perdido de vista el amor sobre el cual se basa toda la vida de fe.

La segunda iglesia es Esmirna. Es una iglesia que tiene todo lo que hay que tener : es rica en obras, en fe, en valor, en paciencia. Aquí el Señor no halla defecto alguno, y se limita a alentarla en su padecimiento.

La tercera iglesia es Pérgamo. Es una iglesia fiel y esforzada, pero con cierta laxitud doctrinal; el Señor la amenaza con la espada de su boca, es decir, la Palabra de Dios.

La cuarta iglesia es Tiatira. Es una iglesia llena de amor, fe y perseverancia. Sin embargo, es excesivamente tolerante de enseñanzas vanas, aún más que Pérgamo. Por lo tanto, se la llama a no perder lo que ya tiene.

La quinta iglesia es Sardis. Recibe palabras muy duras; al parecer, se trata de una congregación de personas inofensivas, anodinas, deficientes en cuanto a sus obras.

La sexta iglesia es Filadelfia. Junto con Esmirna, Filadelfia es la única iglesia aprobada incondicionalmente por el Señor, y por tanto recibe de Él sólo palabras de aliento.

Finalmente, la séptima iglesia es Laodicea. Se halla en una situación similar a la de Sardis, y tal vez peor. Es la única que no recibe ninguna alabanza. Posiblemente la causa fuera el orgullo espiritual de los laodicenses, además de su  falta de compromiso espiritual.

A pesar de que los siete mensajes se envían a la medida de cada iglesia, todos son llamados a oír lo que el Señor le dice a cada una. De lo cual cabe deducir que estos mensajes continúan siendo relevantes para nosotros hoy. Debemos seguir atentos a lo que Jesucristo tiene para decir a cada congregación; los siete mensajes son válidos hasta que el Señor venga visiblemente (lo cual no debe confundirse con la amenaza de “visitar” en juicio a cada iglesia que desoiga la advertencia del Señor, que habla de un juicio parcial y condicional: la visita no ocurrirá si hay arrepentimiento).